Editorial-De Pergamino a Arrecifes, la historia de amor de Mande y Paula

El amor puede más entre Paula y Mande, su cachorra Golden. Pergamino Verdad te acerca una hermosa historia de amor entre nuestra ciudad y Arrecifes, que a modo de novela venezolana Clarín publicara en su sección Sociedad.

Cabe por lo menos destacar la nota ya que un diario nacional, no importando cual,  nombra a nuestra ciudad sin que sea por algún tema de  futbol, inseguridad o política.

 

“De Pergamino a Arrecifes, la historia de amor de Mande y Paula”

 

Por Luis Giannini – Clarin 16/08/04

La cachorrita Golden se perdió en Pergamino. Tras días de búsqueda, persistencia y tenacidad, la hallaron en Arrecifes. La había levantado un viajante, que luego la reconoció por los carteles que había pegado su dueña.

Paula es una joven ingeniera agrónoma que hace años vive en un chalé del barrio La Amalia en Pergamino. Apasionada por la defensa del medio ambiente y extremadamente consciente de lo valiosa que es la relación entre los animales y las personas, tiempo atrás recibió de sus amigas Ana y Mariana un obsequio sorpresa: una bulliciosa cachorra Golden amarilla a la que llamó Mande. Cuando se la entregaron, la cachorrita se quedó quieta unos instantes como evaluando, curiosa, el nuevo paisaje, pero apenas Paula le acarició el pelaje sobre su cuello, la aparente inicial firmeza se transformó en alborotados saltos hacia quien reconoció su nueva dueña. A todo esto, Puka, la otra perra de Paula, negra y de ojos castaños, que acababa de terminar su almuerzo a la sombra de unos álamos en los fondos de la casa, salió despedida consciente de la invasión territorial como diciendo “¿Qué pasa, de dónde habrá salido esta?”, mientras saltaba celosa entre ellas y les aplicaba suaves mordiscos de atención. Maravillosos días, llenos de muestras de afecto y ternura. Paula regresaba del trabajo y apenas introducía la llave en la cerradura de inmediato las perritas corrían a saltar a su alrededor, frotándose contra su cuerpo.

Una desapacible noche Paula y varias amigas salieron al centro a cenar. La lluvia era intensa por lo que corrieron hacia el auto, sin notar que las mascotas habían abierto un pequeño agujero en el alambrado. Al regreso, de madrugada, Paula sintió como si estuviera frente a una imagen salida del infierno: el alambre roto y ningún rastro de las perritas. De inmediato corrió por las calles aledañas sin dejar de preguntarles a los vecinos. Así que la joven iba de un lado a otro, frustrándose un poco más aún. Hasta que dio con una enfermera de guardia de un geriátrico cercano. La mujer comentó que creía haber visto a las perras ir hacia las vías del tren. Paula llegó hasta el terraplén ubicado al final de una calle muerta, donde la sorprendió el brillo de unos ojitos que salía de entre unos pastizales. Los ojos eran de Puka, tirada exhausta sobre una mezcla de diarios viejos, agua sucia estancada y tierra. Mientras la reanimaba, continuó llamando varios minutos a Mande. La cachorrita no aparecía así que levantó a Puka y emprendió la vuelta.

No pudo dormir y entre lágrimas se interrogaba: “¿Alguien se la habrá robado?”, “¿Estará sin comer, con miedo en una noche tan fría?”. No pudo más. Menospreciando su propia salud e ignorando por completo cualquier tipo de recomendación Paula imprimió cientos de volantes con la foto de Mande y demás datos de contacto. A los pocos minutos se hallaba repartiéndolos por los comercios y pegando en cuanto poste tuviera a mano. Contó con amigos y familiares pero sobre todo con su paciencia y determinación. Fue a las veterinarias, a las seccionales de policía, subió todo lo que tenía a mano a las redes sociales. Su Facebook replicaba incesante sus mensajes. Su perseverancia no cesó un instante.

La tardecita del sábado siguiente suena de nuevo el teléfono. La intuición, el presentimiento hicieron que atendiera enseguida. Un viajante que recorría la ruta a menudo afirmaba que estando detenido en un semáforo, le había llamado la atención un cartel pegado en un poste, se corrió hasta la banquina, al leerlo y ver la foto pensó que podía ser el cachorro que había recogido varios días atrás al observarlo deambular solitario. La llamada provenía de Arrecifes, una ciudad distante a 50 kilómetros. El hombre le dio los datos y Paula salió disparada hacia allí acompañada por sus padres.

Paula se tiró del auto agitada. Sentía que sí, que se le iba a dar. Se abrió la puerta de la vivienda y Mande corrió hacia ella. Pensar que sólo un rato antes tenía miedo de que no la reconociera. Varios vecinos arrecifeños estaban aguardando junto con la pareja dueña de casa con sus hijos. El reencuentro se convirtió en todo un acontecimiento al devolver la cachorrita a su legítima dueña. En el regreso a Pergamino, entre caricias y besos, Pauli tomó a Mande de su cuellito: “Mi querida perrita. Vos me encontraste a mí, Mande, vos me encontraste a mí”.El amor puede más entre Paula y Mande, su cachorra Golden.

 

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