Nacionales – Quisieron hacerle un secuestro virtual y mató a uno de los ladrones

33La presunta víctima era un comisario de la Bonaerense. Fingió que iba a pagar y disparó contra los delincuentes.

 

 

 

 

 

–Tenemos a tu hija. Nos entregás 3.000 pesos y los dólares que tengas, o la matamos–, oyó el hombre al teléfono. Eran las cinco de la madrugada.

–Yo no tengo ninguna hija–, respondió secamente.

–Sabemos dónde vivís y vamos a matar a tu mujer–, insistieron los delincuentes.

–Está bien… si quieren vengan a buscar la plata–, les siguió el juego la víctima.

–Ya estamos en la puerta…Los delincuentes contaban con cierta información sobre la víctima que habían elegido, en un barrio residencial de Mar del Plata, pero no sospecharon que se trataba de un comisario de la Policía Científica. Y que desde el comienzo había advertido que lo que le estaban haciendo por teléfono era un intento de “secuestro virtual”, una situación en que los delincuentes juegan con la desesperación de sus víctimas para sacarles dinero.

A oscuras, el hombre entreabrió la puerta del frente de su casa, lo suficiente como para asomar el caño de una escopeta calibre 12.70, y esperó.

“¡Alto policía!”, le ordenó al hombre que bajó de un Volkswagen Cross Fox negro con vidrios polarizados. Como respuesta le dispararon –ningún proyectil lo alcanzó– y replicó vaciando la carga de su escopeta contra los asaltantes.

Mató a uno de ellos, de 27 años, e hirió al otro: una chica de 15.

El ladrón murió en el hospital interzonal, al que llegó en un taxi con la menor. La chica había sido herida en una pierna y estaba fuera de peligro.

Los investigadores saben que por lo menos hay un cómplice prófugo, quien conducía el coche. “El que bajó lo hizo por el lado de atrás, la menor de edad iba en el asiento del acompañante; como mínimo hay un cómplice que iba al volante y huyó”, narró una fuente del caso.

El barrio Pinos de Anchorena es residencial y arbolado, elegante y en algunas esquinas cuenta con cabinas de vigilancia privada. De hecho, dos vigiladores oyeron cuando el comisario gritó la voz de alto desde la puerta de su casa, en Saavedra al 4200.

Informado sobre la mecánica de los secuestros virtuales (hace poco cayó una banda que actuaba en la ciudad y exactamente en la misma zona), el policía les siguió el juego a los asaltantes.

“Vengan a buscar la plata”, les dijo. Los ladrones merodeaban la zona: “Ya estamos en la puerta”. No mintieron. Momentos más tarde apareció sobre la calle Saavedra el Volkswagen negro y enseguida se produjo el tiroteo.

Luego, con el auto en uno de sus laterales perforado por los perdigones, los delincuentes escaparon.

Recorrieron unos 4 kilómetros hasta llegar al centro de la ciudad. Los vecinos de la zona de Plaza Mitre llamaron a la Policía para contar que un auto con varios disparos había sido abandonado en la esquina de Mitre y Colón.

En esa esquina los ladrones detuvieron un taxi; testigos contaron cómo un hombre –el tercer asaltante, prófugo en estas horas–, ayudó a la joven a cargar al herido en ese auto.

En el hospital la chica mintió: dijo que los habían asaltado para robarles el auto y que habían sido heridos. Pocos minutos después, a causa de una herida en la arteria femoral, el delincuente murió desangrado.

Tenía 27 años y la semana pasada había llegado desde Neuquén, presuntamente, para pasar unos días de vacaciones. La Policía lo identificó como David Costich.

El coche, que no tenía pedido de secuestro, era de la madre de la adolescente herida, quien además era tía del asaltante fallecido.

 

La mujer es de la comunidad gitana y le explicó al fiscal que ella no les había prestado el auto, sino que se lo habían llevado sin su permiso.

El comisario no fue detenido porque, según explicó el fiscal Fernando Berlingeri, “todo indica que actuó en defensa propia”. Contó además que el arma estaba declarada y que la documentación estaba en regla

Comentarios en Facebook

Deja una respuesta

error: Content is protected !!