Locales-Saint Amant II: dos conmovedores testimonios en la causa Pérez-Pierro

Se realizó ayer la octava audiencia testimonial en el marco del Juicio por crímenes de lesa humanidad Saint Amant II.

El recinto del Concejo Deliberante fue nuevamente el lugar en que los jueces del Tribunal, Vázquez, Paulucci y Escobar Cello, se dispusieron a escuchar atentamente las declaraciones de los testigos que, en esta oportunidad, fueron tres.

Las dos primeras testigos fueron las madres de Leonor Pierro (conocida como Nora) y Gerardo Pérez. Con las declaraciones de ambas progenitoras se dio por finalizada la causa, mientras que la tercera testigo estuvo enmarcada en la causa Ceccón que continuará hoy, a pesar de ser feriado.

 

Madres del dolor

La primera en prestar declaración ayer fue Lea Molinaro, madre de las hermanas Pierro. Haciendo un poco de historia, Lea contó que luego de terminar la secundaria sus hijas fueron a estudiar a Rosario. Mientras que Nora estudiaba magisterio, filosofía e historia, Adriana se dedicó a la medicina. Anterior a ello, Lea aseguró que sus hijas participaron de un grupo de jóvenes católicos pero que no tenían participación alguna en ningún  partido político.

Interrogada sobre si conocía a Gerardo Pérez, la testigo señaló que sí ya que era el novio de su hija mayor.

Haciendo referencia al episodio en que su hija Adriana fuera detenida por los militares, Lea contó que el 8 de octubre de 1976, como todos los días,  su marido fue a trabajar a su negocio. En horas de la tarde, un cliente al no encontrar a nadie en dicho local fue a buscarlo a la casa particular. En ese momento ella se sorprendió  ya que pensaba que su marido estaba en el negocio. “Cuando llegó Adriana de Rosario le conté acerca de la desaparición de su padre y le dije que me acompañara a la Comisaría Primera en donde nadie nos supo decir nada”, aseguró Lea.

Junto a su hija Adriana, volvieron a su casa y al día siguiente, en las primeras horas de la mañana, tocaron timbre. Pensando que era Leonor que venía de Rosario, abrieron la puerta y en ese momento ingresaron algunos policías que preguntaban “por mi hija”, contó la testigo. Al no encontrar a Leonor, los policías detuvieron a Adriana “sin darme ninguna explicación, sin decirme dónde se la llevaban. Me quedé sola hasta que, dos horas después, dos uniformados trajeron a mi esposo, en malas condiciones de salud, en un auto y permanecieron hasta el lunes en la vivienda, esperando, alertas a Leonor.

Conmovida por la situación y sin noticias de ninguna de sus hijas, Lea se dirigió a la Comisaría Primera, allí, por disposición de un policía le dijeron que Adriana había sido trasladada a una dependencia de San Nicolás. Enterados de esto, el matrimonio Pierro emprendió el viaje a la vecina localidad. En el Penal nadie brindó información, solo les dijeron que se dirigieran al Comando Radioeléctrico. “Ahí fuimos atendidos como si fuéramos delincuentes. Nos pidieron que volviéramos a Pergamino”, contó la testigo.

Días más tarde y movilizado por la situación a Domingo Pierro le dio un ataque de diabetes por lo que Lea tuvo que cuidar de su esposo enfermo. Mientras tanto, una persona que tenía un familiar en el penal de San Nicolás le dijo a Lea que Adriana se encontraba bien y que sería ella la que mandaría una carta para informarle cuándo podrían ir a visitarla. Fue así que a fines de noviembre, el matrimonio recibió una carta de su hija. En ese momento partieron a San Nicolás. “Cuando vi a Adriana no vi a mi hija, vi el temor detrás de ella”, aseguró Lea que contó que su hija estuvo presa durante seis meses. Cuando fue liberada dijo: “De esto no quiero hablar” y así nunca relató nada acerca de lo que le había sucedido.

En una oportunidad, Lea tuvo la posibilidad de hablar con el juez Milesi en Rosario, él “dijo que no sabía nada de Leonor y dijo que hubiese cuidado más a mis hijas”.

Tratando de saber el paradero de Leonor, Lea se dirigió a Rosario, precisamente, a la pensión en la que vivían sus hijas. El dueño del lugar le dijo que la última vez que vio a Leonor había sido con Gerardo.

Pasaron los años y nunca supieron nada acerca de lo que le había sucedido a “Norita” hasta que un día “mi esposo me contó que a Leonor ya la habían matado”. En ese momento Domingo Pierro sufrió un infarto y tuvo que dejar de trabajar mientras que Lea entró en una profunda depresión.

Aún los restos de Leonor Pierro no fueron hallados.

 

El testimonio de Amanda

La segunda en declarar fue Amanda Sadaba, madre de Gerardo Pérez que contó que en 1976 su familia estaba compuesta por su marido y sus tres hijos: Gerardo, Tomás y María Laura.

Interrogada sobre su hijo mayor, Amanda aseguró que militaba en el grupo de jóvenes católicos “Emmanuel” que lideraba el padre Marciano Alba y que se dedicaban a realizar trabajos comunitarios en los barrios más humildes.

La testigo también aseguró que conocía a Leonor Pierro que era la novia de Gerardo.

Cuando terminó sus estudios secundarios, Gerardo se instaló en San Nicolás donde estudiaba Ingeniería Electrónica y trabajaba en una empresa metalúrgica.

Recordando uno de los más tristes episodios, Amanda contó que una noche de octubre de 1976, cuando ella estaba sola en su casa de calle Bombero Esquivel, planchando, recibió golpes en la puerta. Al abrir ingresaron policías y militares que preguntaban por Gerardo. En ese momento, Amanda le dijo que Gerardo no se encontraba en Pergamino. No obstante los militares rodearon la manzana de la casa, revisaron la casa de la familia pero no se llevaron nada.

En el momento en que el marido de Amanda llegó a su casa no lo dejaron ingresar sino que lo trasladaron a la Comisaría Primera donde quedó detenido por espacio de algunas horas.

Días más tarde, un amigo de Gerardo informó a la familia que había sido apresado por lo que el matrimonio viajó a San Nicolás para averiguar datos acerca del paradero de su hijo. Allí una vecina “nos contó que a Gerardo y a Leonor se los habían llevado detenidos, con las manos atrás y esposados, y que los mismos militares habían prendido fuego la casa en la que vivía mi hijo”, aseguró la testigo, al tiempo que señaló que “buscamos a Gerardo por todos lados, preguntamos por él pero nunca nadie nos dio información. Hasta fuimos a hablar con el obispo Ponce de León pero nunca pudo atendernos”, aseguró Amanda que dijo haber realizado denuncias y habeas corpus.

Por otra parte, Amanda afirmó que su hijo le ocultaba algunas cosas y que ella se enteró, tiempo después que Gerardo Militaba en el ERP.

Luego de 34 años sin tener noticias, y después de haber realizado las muestras de ADN correspondientes, fueron hallados los restos de Gerardo en un cementerio de Avellaneda. “Fue tremendo vivir sin Gerardo, la pasamos todos muy mal. Mi marido tiene problemas de corazón y yo tuve tres ACV. Gracias a Dios nos fortalecimos en la fe cristiana y por eso estamos de pie, pero yo quisiera que esa gente, que tanto mal le hizo a mi hijo, viva lo que nosotros como familiares vivimos”, concluyó Amanda.

 

Caso Ceccón

La tercera y última testigo de la jornada se dio en el marco de la causa Ceccón y fue María Aubel que, gracias a una relación de amistad que Luis Ceccón tenía con sus hermanos, ella mantuvo una relación amorosa con quien se desempeñara como policía en la Brigada de Investigación de Junín. En el primer tramo de su testimonio, María aseguró que Ceccón vivía en el barrio Güemes, era peronista y militaba en una agrupación católica.

Después de su primera detención ocurrida en 1976, Luis, según lo relatado por la testigo, “vivía atemorizado ya que cuando fue detenido había sido estaqueado y fue testigo del maltrato de muchas personas”.

Luego de ser liberado, Ceccón recibió una citación del comisario de la dependencia Primera de Pergamino. “Lo acompañé a la Comisaría, estuvimos un largo tiempo allí pero le dijeron que esa citación nunca había existido. Fue así que sorprendido emprendimos el regreso a su casa. En calle Luzuriaga casi Echevarría se detuvieron dos autos, de marca Ford Falcon, y empezaron a bajar policías y militares. Me empujaron y me alejaron de Luis al que esposaron, le sacaron su arma reglamentaria y lo subieron a uno de los autos. Me dijeron que no dijera nada y que esa misma noche lo iban a liberar pero no fue así. Por eso yo fui a hacer la denuncia a la Comisaría Primera. Allí me informaron que el Ejército se lo había llevado por lo que me fui a Junín para ver si sabían algo de su paradero pero nunca nadie me dio información”, relató la testigo.

Por último y ante la pregunta de cómo era la personalidad de Ceccón, María lo caracterizó como una “buena persona, humilde, callado y muy atento a las necesidades de los demás”.

 

La Opinion de Pergamino

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