Locales-Segundo Cruce: el riesgo de accidentes que crece a la par de la falta de inversión en infraestructura

02092014097Desde hace años se mantienen reclamos a Vialidad Nacional y el Occovi para adecuar el sector, pero las sucesivas gestiones fueron en vano. Hubo promesas pero las obras nunca llegaron. Necesidad de respuestas antes de que se tenga que lamentar un siniestro grave.

 

El Segundo Cruce es una zona neurálgica de la ciudad en la cual confluyen las rutas más importantes que atraviesan Pergamino: las carreteras nacionales Nº 8 y 188 y la provincial Nº 32. Por consiguiente, significa un punto crítico para el tránsito vehicular, máxime si en años no se ejecutó ninguna obra para adaptar la zona a la nueva realidad que a paso sostenido viene mostrando el parque automotor.

Allí se mezclan a diario autos y camiones, motos y utilitarios, maquinaria agrícola y bicicletas. También interactúan conductores pergaminenses y foráneos, y ese no es un dato menor, porque quien viene en viaje y no conoce la traza, le suma un factor más al riesgo de pasar por ese sector.

Desde hace un tiempo bastante prolongado urge una obra que minimice la posibilidad de accidentes. No fueron pocos los reclamos ni las propuestas, pero hasta ahora todas cayeron en saco roto.

Por ser esa zona de jurisdicción nacional, nadie más que Vialidad Nacional a través de sus organismos específicos, en este caso el Occovi (Organismo de Control de las Concesiones Viales), es quien tiene la llave para solucionar este incordio. Porque cabe recordar que ambas rutas nacionales están concesionadas e incluso se les han renovado sus contratos sin que se les exigiera la inclusión de una mejora. Por caso ni el Municipio ni la Provincia podrían intervenir en la rectificación de la traza ni en la implementación de algún elemento sin la aprobación del estamento nacional.

LA OPINION trató de obtener información acerca de si Vialidad o el Occovi tienen prevista alguna obra para el sector en cuestión, al menos si tienen conocimiento de la situación y registrados los reclamos, pero no logró respuesta a las solicitudes enviadas a dichos organismos. Dado la historia periodística de los últimos años, se presume que el Segundo Cruce no figura en los planes de obras a pesar de lo contradictorio que es el punto respecto de las normas de tránsito y del peligro que significa para las miles de personas que deben pasar a diario por allí.

Hace pocos días el intendente Omar Pacini, junto a su secretario de Obras Públicas, José Salauati trataron de reactivar el tema y, más allá de que fueron atendidos por funcionarios nacionales, aún no lograron ni siquiera una promesa.

En cambio, en el año 2008 se dio por hecho desde Vialidad que se concretaría una rotonda con un semáforo de cuatro tiempos y hasta se dio la fecha para el llamado a licitación, pero eso nunca sucedió. Desde entonces se sucedieron los reclamos, hubo cambios de autoridades, renovación de concesiones y la realidad indica que si se quiere una mejora en el Segundo Cruce, habrá que volver al punto de partida, a fojas 0, porque nada se ha hecho.

 

Recientes gestiones

El 11 de este mes, Pacini y Salauati fueron a Vialidad Nacional Primer Distrito con el objeto de hacer presente requerimientos con relación a las obras de la autopista que, a juicio del Municipio debían incorporarse, y también para reclamar sobre las intervenciones sobre ruta Nº 188 en curva de Gerde, curva de Peña, intersección con la ruta Nº 32  en el tramo a Rosario y rotonda y obras complementarias en el Segundo Cruce.

Estuvieron con el jefe de División Administrativa del Primer Distrito, Leandro  Sverdlik, quien tomó nota de todo lo referido a la autopista para gestionarlo pero por lo de las obras del Segundo Cruce derivó al Occovi.

En este organismo los atendió Arcángel Curto, gerente técnico, y Ricardo Quejillaver, subgerente técnico de Corredores Viales. Les plantearon la necesidad de las obras y fundamentalmente la prioridad se puso en el Segundo Cruce. Acordaron que en pocos días vendría algún técnico de Occovi para analizar el tema con los funcionarios locales y hasta la fecha no hubo novedades.

Al no obtener respuestas, desde el Municipio llamaron al ingeniero Héctor Buscaglia que es el inspector del Occovi de la concesión de la ruta Nº 188 en este tramo, y a través de éste se hizo un contacto con el ingeniero Daniel Ramírez, supervisor general del Corredor 2 del Occovi. Este funcionario accedió a venir a Pergamino próximamente y, según lo que presumen las autoridades municipales, en el Occovi no hay nada en marcha con respecto al Segundo Cruce, lo que muestra a las claras que todo lo que se hizo en su momento fue una pérdida de tiempo.

 

Proyecto estancado

El proyecto presentado en 2008 por el Municipio para poner en valor este sector de nuestra ciudad contempla una interesante solución con la incorporación de una rotonda, un semáforo de cuatro tiempos y cruces peatonales especialmente señalizados para los transeúntes. Hay que decir además que permanentemente se recogieron los reclamos de los vecinos porque la circulación fluida de vehículos hace del lugar un espacio de riesgo para los habitantes de la zona y también para los trabajadores que se dirigen al Parque Industrial y al Inta (ahora con más movimiento que entonces por la instalación de las Escuela de Ciencias Agrarias de la Unnoba en el Edificio Maíz) pero, además, también para los alumnos de la Escuela Agrotécnica que está ubicada en las inmediaciones del Segundo Cruce. De acuerdo a los informes entregados oportunamente, en 2009 debería haberse hecho el trabajo que correspondía a las presentaciones del Organismo de Control de Concesiones Viales (Occovi) pero siempre hubo prórrogas y la realidad muestra hoy un ingreso dificultoso para quienes pasan por Pergamino. Además, la velocidad que registran los camiones (ya conocedores sus conductores de las características de este tramo) supera ampliamente los topes admisibles para un cruce de rutas. De existir los elementos de circulación que se reclaman, como una rotonda o un semáforo, esta conducta cambiaría drásticamente.

 

Otra propuesta

En febrero de 2011, la Fundación Metas Siglo XXI que preside el prestigioso doctor Guillermo Laura, a pedido del empresario pergaminense Juan Bautista Motta, solicitó a la Consultora Cadia, la elaboración de un proyecto para optimizar el flujo vehicular y disminuir la posibilidad de accidentes en el Segundo Cruce.

En su informe, Cadia expresa que el Segundo Cruce “presenta sectores de riesgo, como ser en la bifurcación de las rutas nacionales Nº 8 y 188. En este sector ambas rutas presentan doble sentido de tránsito. Además en todo este cruce se observan ingresos y egresos peligrosos. El objetivo este proyecto ha sido el de mejorar sustancialmente la situación actual de dicha intersección aplicando al mismo las normas de diseño geométrico de la Dirección Nacional de Vialidad”.

El diseño contempla el agregado de un rotonda que permita todos los movimientos que requieren las arterias que llegan al mismo, carriles de aceleración y desaceleración que brindan control de acceso y egreso de las rutas, carriles adicionales para facilitar y efectuar con mayor seguridad los movimientos de entrecruzamientos que se producen, y un sector con diseño canalizado (intersección de las  rutas Nº 188 y provincial Nº 32) el cual requerirá para su correcto funcionamiento la instalación de  semáforos.

Este diseño reordena los sentidos de tránsito, eliminándose de esta forma los conflictos y riesgos que presenta la situación actual.

Esta iniciativa tampoco tuvo eco.

 

Esperar a la fatalidad

Muchas veces los reclamos se quedan en el reclamo mismo, pero en este caso fue acompañado de estudios y propuestas definidas; como primer paso y gesto se avanzó en el diseño de lo que se creía conveniente hacer para optimizar la seguridad vial en la ciudad.

Es decir que reclamos formales y propuestas hubieron de sobra, lo que viene faltando es la atención de los funcionarios nacionales. Quizás sería cuestión de solicitarles que vengan con sus propios vehículos y transiten por la zona; tal vez así entiendan la gravedad y la urgencia del planteo.

Pero en general, en nuestro país, estos reclamos suelen ser atendidos por espasmo, es decir cuando sucede un hecho desgraciado y enseguida viene la reacción del aparato burocrático, que pretende remediar lo que ya, a esas alturas, no tiene remedio. Parece, sinceramente, que tendremos que esperar una víctima fatal para que se pongan manos a la obra. Ese es el destino de las mejoras en el Segundo Cruce: en cualquier momento se va a lamentar algún siniestro de magnitud que va a dar pie para que los funcionarios responsables se rasguen las vestiduras y algún político haga alarde al inaugurar una obra que debió concretarse muchos años antes.

Sin ir muy lejos en el tiempo, muchas víctimas se cobró la ruta Nº 8 en cercanías de San Antonio de Areco, en el cruce con la ruta Nº 41. En este caso se juntaron la fatalidad y otro factor que moviliza el accionar estatal: los vecinos de Areco salieron a cortar la ruta para ser atendidos y ese fuerte reclamo para que se concrete una sustancial mejora en el cruce dio sus frutos: hoy se transita por una rotonda muy amplia que exige a todos los conductores disminuir la velocidad y al mismo tiempo ofrece una amplia visibilidad hacia todos los sectores.

La comunidad pergaminense no suele ser muy adepta a las manifestaciones públicas, pero no sería una mala idea comenzar a hacer oír un reclamo para acompañar las gestiones que puedan hacer desde el Gobierno local. Todo, antes de que sea tarde.

 

 

La decadencia de un sector que tuvo esplendor 

 

Durante muchos años el Segundo Cruce fue una zona de gran actividad comercial en la que funcionaban estaciones de servicio, locales gastronómicos, hoteles, agencias de camiones y de maquinaria agrícola, kioscos, gomerías y otros establecimientos relacionados con la asistencia y los servicios para el viajero.

Las sucesivas crisis económicas por las que atravesaron la ciudad y el país, sumadas a una serie de modificaciones que sufrió la infraestructura vial del Segundo Cruce, hicieron que la zona entrara en un lento pero irreversible proceso de decadencia. Primero cerraron los locales más pequeños, luego lo hicieron los restaurantes y parrillas y finalmente las estaciones de servicio y los inmuebles que esos comercios ocupaban quedaron abandonados y se deterioraron.

Aquellas modificaciones que marcaron el comienzo del fin del esplendor del Segundo Cruce significaron mucho más que eso: convirtieron a esta zona –de por sí complicada  para el conductor de paso que siempre tuvo difícil tomar la bifurcación correcta hacia su destino- en un enjambre de caminos, reñido en todas las formas posibles con la ley de tránsito. Baste decir que para tomar la ruta Nº 8 o ingresar a la ciudad viniendo de Junín hay que hacer el prohibidísimo giro a la izquierda, sin mediar semáforos y lidiando con vehículos de gran porte y a alta velocidad por tratarse de dos importantes rutas.

Debido a estos inconvenientes, en 1997 se modificó la traza original del cruce y se instaló una serie de dársenas destinadas a distribuir el flujo de vehículos de una manera más segura. Sin embargo, si bien el número de accidentes con víctimas mortales disminuyó, muchos de los conductores que transitan por ese sitio señalan que el trazado no está bien resuelto y se presta a confusión porque falta una adecuada señalización y demarcación. La ausencia de un semáforo tampoco ayuda a mejorar la situación.

Prácticamente no quedó nada de los años de esplendor y hasta se notan algunos vestigios de lo que fue el lugar en la década del 80. Antiguos propietarios de locales gastronómicos indicaban que la colocación del guard rail paralelo a la superposición de las rutas 8/188 fue quizás el principal motivo que terminó con este punto de encuentro, aunque también cabe decir que la situación económica cambiante de nuestro país y los problemas financieros incidieron para que este lugar pasara al olvido.

Ya la gente no va a comer por aquellos lugares, pero quienes no pueden evitar el paso por allí son centenares de personas que diariamente, por distintas obligaciones, transitan en automotores, motos o bicicletas y se exponen a un peligro que, a esta altura, es totalmente innecesario y responde exclusivamente a que los organismo nacionales con competencia en la materia omiten sistemáticamente la concreción de mejoras que morigeren la posibilidad de accidentes.

 

La Opinion de Pergamino

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