Actualidad-Día Internacional de la Tolerancia: ¿Cómo trabajarla en los más chicos?

En el contexto actual en el cual nos encontramos, atravesados por una situación atípica y universal, la tolerancia es más esencial que nunca. Es necesaria que esté presente entre los individuos, así como también dentro de la familia y de la comunidad. El desarrollo de la tolerancia y la transmisión de actitudes de apertura, escucha recíproca y solidaridad han de tener lugar en todos los ámbitos de la vida cotidiana.

En 1994, la UNESCO marcó el 125 aniversario del nacimiento de Mahatma Gandhi allanando el camino para la proclamación del 16 de noviembre como el Día Internacional de la Tolerancia por la ONU.

La Declaración de Principios sobre la Tolerancia (UNESCO, 1995) hace mención al significado de la tolerancia en los siguientes términos: “La tolerancia consiste en el respeto, la aceptación y el aprecio de la rica diversidad de las culturas de nuestro mundo, de nuestras formas de expresión y medios de ser humanos…” (art.1.1). “Podemos pensar entonces que la tolerancia se asemeja mucho a ‘poner la otra mejilla’, sin rabia, tras recibir un golpe en los propios sentimientos y frente a nuestras propias convicciones religiosas, filosóficas, pedagógicas, éticas, morales, políticas y culturales”, sostienen Marcela Gago, Profesora en Psicopedagogía, y Camila Castiglia, Licenciada en Psicología.

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“Se trata de respetar íntegramente al otro, con sus creencias, ideas, prácticas”, agrega Rocío Borrelli, también Licenciada en Psicología, a la par que Soledad García Fernández, Psicopedagoga, asegura que “eso es esencial para que haya libertad, respeto y una sana convivencia en cualquier sociedad. La base está en entender que todas las personas tenemos los mismos derechos”.

«Cuando entiendas que hay otra forma de ver las cosas, entenderás el significado de la palabra TOLERANCIA», cita a Dalai Lama Rocío Borrelli

Pero “debemos decir que toda tolerancia debe tener un límite”, marca Gago, porque ser tolerante “no significa aceptar conductas inapropiadas, no es aceptar todo lo que el otro desee hacer. Hay un límite, y este se da cuando lo que el otro hace o piensa afecta a otros en forma directa”, explica Castiglia. 

Y en ese sentido, Borrelli manifiesta: “Los límites de la tolerancia son debatibles e incluso, muchas veces, difíciles de definir. Si intento pensar una respuesta, me surge una nueva pregunta: ‘’¿El límite será el sufrimiento del otro?’ ‘¿Hasta dónde tengo que ser tolerante con una conducta abusiva de otra persona?, por ejemplo’. Para definir los límites de la tolerancia es necesario preguntarse cuáles son mis límites. Pero es claro que uno de los límites de la tolerancia es y debe ser la no vulneración de los derechos del otro”.

Trabajo en conjunto de IDEO y Nuevas Lenguas (instituciones olavarrienses) sobre acepatar y trabajar con alguien que es diferente

Ahora bien… ¿Cómo trabajamos la tolerancia en la tolerancia en los más chicos? “Es necesario trabajar en la construcción de herramientas y estrategias metodológicas en donde se amalgame la teoría y la práctica para generar en la Institución Educativa ambientes tolerantes que les permita encontrarse, a todos los miembros que forman parte de la misma, de manera armónica fomentando la sana convivencia, admitiendo que los demás pueden tener una manera de ser, pensar y de actuar distinta a la propia sin que esto provoque conflictos o comportamientos agresivos. Así también, es necesaria la comunicación entre la institución educativa y las familias, ya que éstas configuran el primer sistema de socialización de niños, niñas y adolescentes”, afirma Gago. 

El desarrollo de la tolerancia es una parte fundamental del crecimiento de los niños. No nacen tolerantes, su conducta natural es egoísta, solo piensan en satisfacer sus necesidades. Por eso es preciso un proceso de aprendizaje sobre la tolerancia desde pequeños, es fundamental que desarrollen esta habilidad para que construyan puentes y no muros que separen”, manifiesta Castiglia.

La manera en que el niño concibe el mundo es un reflejo de las características de su entorno social, por ende, es necesario que en etapa escolar se les enseñe que las personas tienen diferencias, que no todos somos iguales y que es necesario saber convivir. Es importante invitarlos, por ejemplo, a través del juego, a encontrar esas diferencias. El planteamiento de situaciones donde se pueda poner en relieve el concepto de manera simbólica ayuda al niño a aprender a accionar, a actuar de la manera esperada”, considera Borrelli.

Sin lugar a duda, la tolerancia en los niños también “es fundamental que se trabaje y se fomente desde los hogares, no solo en las escuelas, porque es un trabajo en equipo. Un trabajo que requiere de ejemplos, porque por más que se hable y se reflexione, si luego los niños ven al adulto insultando o riéndose del otro, todo lo reflexionado pierde sustento”, explica García Fernández. 

«El ejemplo es el idioma más claro», afirma Soledad García Fernández

Y la Licenciada Borrelli, recibida de la UBA, extiende: “Lacan sostiene que entre todos los grupos humanos, la familia tiene un papel esencial en la transmisión de la cultura, de las tradiciones y costumbres; tiene un peso privilegiado en la educación de un/una niño/a, en su madurez emocional y en la construcción de su subjetividad. Por ende, juega un rol fundamental, en este caso, en la transmisión de la tolerancia. Porque toda educación comienza en casa. Todo lo que hablen y hagan los adultos delante del niño es importante. Si los adultos quieren enseñar a los niños que sean tolerantes, entonces ellos deben serlo. No se puede reclamar que el niño sea tolerante si el adulto de referencia no lo es, si se lo ve burlándose de alguien o no respeta las opiniones ajenas. Lo que ellos ven en casa y el trato que reciben, repercute en sus conductas”.

«Los padres podrán ayudar a construir el camino de la tolerancia siempre y cuando ellos sean espejos, estimulen la confianza y respeto, refuercen la autoestima, dialoguen, sepan escuchar», expresa Camila Castiglia

Repercute para bien o para mal en el crecimiento y desarrollo del niño, niña o adolescente, indican Gago y Castiglia, y explican: “Una familia, cualquiera sea su configuración, tiene el poder de potenciar como de perjudicar la construcción subjetiva de un niño, imprimiendo en él  distintas huellas que llevará consigo a lo largo de su vida. La familia es un espacio educativo, necesario para la enseñanza y transmisión adecuada de valores fundamentales para el desarrollo y bienestar del niño”.

En conclusión, más allá de las instituciones que reciban y estén a cargo de los niños, “la familia debe practicar día a día el respeto y la tolerancia a la diversidad”. ¿Cómo? “Por ejemplo dejando de hablar sobre el cuerpo o la vestimenta de los otros, habilitando la escucha como ejercicio sin querer intervenir con nuestra opinión, respirando y contando hasta 10 antes de decir algo que posiblemente no sume para el otro, preguntándonos si suma o aporta lo que voy a decir o hacer”, enumera García Fernández.

«Somos seres sociales, vivimos en sociedad. Para poder convivir es fundamental poder ser tolerante con el otro, entendiendo que es una persona igual que yo y que tiene los mismos derechos», sostiene Soledad García Fernández

En cuanto a las instituciones, “en los diferentes niveles y modalidades de educación se trabaja con la inteligencia emocional que engloba todas aquellas capacidades que permiten resolver problemas relacionados con las emociones y sentimientos. Se trabajan en talleres, con cuentos, con juegos con otros que sean diferentes a ellos, con trabajo cooperativo, etc”, señala Castiglia.

En ese sentido, Borrelli sostiene que “la educación es y debe ser inclusiva, debe respetar los tiempos de cada niño, el potencial y las necesidades personales de cada uno de ellos”, y que como “cada niño tiene un ritmo de aprendizaje diferente, en muchos casos se requieren estilos de aprendizajes diferentes”. 

Trabajo en conjunto de IDEO y Nuevas Lenguas (instituciones olavarrienses) sobre acepatar y trabajar con alguien que es diferente

“Es necesario tener en cuenta que todo niño es un sujeto único, con sus necesidades personales y con sus diversas motivaciones. Un docente no puede pretender que todos sus alumnos capten las ideas que quiere transmitir de la misma manera y al mismo tiempo. No son máquinas ni existe el verdadero grupo homogéneo, las diferencias individuales son insoslayables. Esto lo debe tener presente el/la docente, como así también, es indispensable la mirada interdisciplinaria sobre las múltiples alternativas de enseñanzas y aprendizajes”, explica además.

En definitiva, aprender y enseñar a ser tolerantes “es el camino hacia la construcción de ciudadanos libres, democráticos, responsables y críticos, que ayuden a la formación de una sociedad más justa, igualitaria y equitativa, donde exista la convivencia democrática y el respeto a las diferencias individuales, sin pervivirlas como amenazantes, promoviendo valores y la no discriminación”, enfatiza la profesora en psicopedagodía, Marcelo Gago.

Un cuento para reflexionar 

Un elefante llega a una isla de monos. Estos se alarman, pues, por desconocido, lo juzgan de peligroso. El elefante intenta establecer amables relaciones, pero el miedo hace que los monos le reciban con muy malos modos. Finalmente, un accidente convierte en héroe a nuestro protagonista y los monos reconocen su error. Sólo entonces le preguntan quién es.Y es que el desconocimiento lleva a juzgar mal a los demás, sobre todo si solo se tienen en cuenta las apariencias.

Fuente: Filo News
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