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El conmovedor relato del pergaminense, Miguel Digilio, bombero voluntario que asiste a los vecinos de la villa 1-11-14 frente al avance de la pandemia

El bombero voluntario Miguel Digilio habló sobre la asistencia que provee el cuerpo activo de San José de Flores en el barrio Padre Rodolfo Ricciardelli y relató el padecimiento de los vecinos ante el avance de coronavirus.


Miguel Digilio trabaja hace 32 años en la ANSES. Oriundo de la ciudad de Pergamino, vive en la ciudad de Buenos Aires desde 2008.

Sin embargo, además de su empleo en el ente público, Digilio es primer oficial y segundo jefe del cuerpo activo de bomberos voluntarios de San José de Flores.

“Mi vinculación con los bomberos viene de hace muchísimo tiempo. He podido hacer varias cosas pero tenía la materia pendiente de poder como en bombero voluntario“, contó en Confesiones en la noche.

La estación está ubicada en el barrio Padre Rodolfo Ricciardelli, conocido anteriormente como villa 1-11-14, trabaja codo a codo con la parroquia Madre del Pueblo y hoy su principal función es la asistencia social de los habitantes ante el avance inclemente del coronavirus.

“El 20 de marzo ya empezamos a prepararnos para trabajar en el barrio. El jefe del cuerpo Javier Páez se reunió con el párroco y tomaron la decisión en primera instancia de comenzar a dar de comer a quienes tienen el mayor grado de necesidad. Allí se abrió la cocina en la parroquia Madre del Pueblo. Somos 20 bomberos. La estación está abierta 24 horas y participamos de la actividad todo el tiempo. Estamos donde nadie quiere estar, haciendo lo que hay que hacer. Felices de poder hacerlos”, reveló Digilio en Radio Mitre.

En la actualidad, entre la parroquia y la capilla de San Francisco -que depende de la misma diócesis- se cocinan entre 4000 y 4500 platos por día, y los fines de semana llegan hasta 5000.

“En esa actividad participan los bomberos activamente. Tenemos personal del cuerpo que trabaja en la cocina y afuera manteniendo el distanciamiento social. Cuidamos que todos tengan sus barbijos. Si alguno no lo tiene, la parroquia les provee”. También abrimos una panadería en la sede de la iglesia. Hay bomberos cocinando pan para entregarle a la gente. Asimismo, se garantiza la asistencia alimentaria trasladando alimentos a las familias que no se pueden mover”, explicó el bombero voluntario.

Además de garantizar el distanciamiento, trabajar en la cocina y fabricar el pan, la dotación de San José se ocupa de la desinfección del barrio Padre Rodolfo Ricciardelli.

“Para eso utilizamos un equipo que tenemos en el cuartel de ultra alta presión, que trabaja con agua clorada con la que se limpian y desinfectan los distintos sectores barriales. Esa tarea la hacemos todos los días, mañana, tarde y noche”, indicó Miguel Digilio.

Para el entrevistado, las medidas adoptadas “lograron mitigar mucho los efectos de la posibilidad de contagio” y confesó que los vecinos de la ex villa 1-11-14 “viven con preocupación, se cuidan en la medida de lo que pueden y tienen conciencia de la peligrosidad de todo esto”.

“Cuidarse no es sencillo donde la densidad poblacional es tan alta y la habitabilidad es complicada. Acceden a la ayuda y no están ajenos a lo que pasa. El cuadro general a veces es muy triste y penoso”, añadió compungido por la dura realidad que golpea en los barrios más vulnerables.

Los barrios populares y los asentamientos son los territorios más afectados por la pandemia de coronavirus. Representan casi el 40% de los contagios en la ciudad de Buenos Aires y superan los 2300 casos.

El cuerpo activo de bomberos voluntarios de San José de Flores en acción

Fuente:cristinaperez.cienradios.com

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