Juicio Histórico por Agrotóxicos en Pergamino

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El aire en la sala de los Tribunales Federales de Rosario se siente denso, cargado de una tensión que tomó dos décadas madurar. No es un juicio común. En el banquillo no solo hay siete productores rurales y dos exfuncionarios municipales; está sentado, de forma invisible, el modelo productivo de toda una región.

El silencio roto

Pergamino, conocida como la «Perla del Norte» bonaerense por su riqueza agrícola, hoy muestra su otra cara. La causa, que comenzó formalmente este febrero de 2026, relata una historia de periferias olvidadas: los barrios Villa Alicia, Luar Kayad y La Guarida. Allí, el olor a «veneno» (como lo llaman los vecinos) dejó de ser una molestia para convertirse en un diagnóstico médico.

La acusación es contundente: contaminación ambiental de un modo peligroso para la salud. Pero detrás de la carátula técnica, están los cuerpos.

La evidencia que no se puede borrar

El debate se sostiene sobre una montaña de papeles, pero hay dos pruebas que actúan como el corazón del juicio:

  1. El agua «envenenada»: Los peritajes en el acuífero Puelche confirmaron que el agua que los vecinos bebían era un cóctel de glifosato y otros 18 agroquímicos.
  2. El mapa genético: Los testimonios de científicos explicarán al tribunal cómo el ADN de los niños de la zona presenta rupturas. No es una enfermedad hereditaria; es una lesión ambiental.

Los rostros detrás del expediente

La mirada de todos se posa en Sabrina Ortiz. Ella es el símbolo de este proceso. Madre, vecina y, por fuerza de la tragedia, abogada. Su relato es el de una mujer que perdió embarazos, que vio a sus hijos con sarpullidos y dolores crónicos, y que decidió que la única forma de sobrevivir era entender el lenguaje de las leyes.

Del otro lado, la defensa de los productores Cortese, Roces, Tiribó y los Sabbatini intenta sostener que cumplieron con las «Buenas Prácticas Agrícolas». Sin embargo, la fiscalía apunta más alto: a la omisión estatal. Guillermo Naranjo y Mario Tocalini, exfuncionarios de la gestión de Javier Martínez, deben responder por qué, teniendo las denuncias en la mano, permitieron que las boquillas de los «mosquitos» siguieran abiertas a metros de las casas.

Un veredicto para el futuro

Lo que se decida en Rosario marcará un antes y un después en la geografía argentina. Si hay condena, las distancias de exclusión (actualmente de 1.095 metros terrestres y 3.000 metros aéreos para Pergamino) dejarán de ser una excepción judicial para convertirse en un derecho humano básico.

Mientras tanto, en las calles de Pergamino, el silencio de los campos de soja parece esperar una respuesta. Ya no se trata de cuánto rinde la cosecha, sino de cuánto vale la salud de quienes viven al lado del surco.


«Este juicio es por los que estamos, por los que se enfermaron y por los que ya no tienen voz», sentenció una de las Madres de Barrios Fumigados al ingresar a la audiencia.

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