Comerte las uñas y arrancarte las “pielcitas” puede ser más grave de lo que pensás

Un informe publicado recientemente reveló que el problema de fondo es mucho más complejo y puede requerir tratamiento médico.

Morderse las uñas, la “pielcita” que crece alrededor o la de los labios, es un hábito tan naturalizado, como desconocido su verdadero origen.

Aunque es de conocimiento popular que se trata de un acto inconsciente y automática para calmar la ansiedad, se suele minimizar la gravedad del trastorno.

Sin embargo, un estudio publicado recientemente reveló que el problema de fondo es mucho más complejo y puede requerir tratamiento médico.
 
Así lo afirmó la doctora en Psicología, Carol Palma, según un informe del diario La Vanguardia. Como especialista en trastornos mentales severos, explicó en qué momento se debe consultar con un profesional.

Estas conductas repetitivas se conocen como dermatofagia, un Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) en el que se lesiona la piel con los dientes.

Palma, integrante de la junta de gobierno del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña (COPC), habló de personas que llegan a despellejarse falanges enteras.

La doctora aclaro que no todo el que se come las uñas tiene un trastorno mental, sino que hay tres factores a tener en cuenta: la frecuencia, la intensidad y el impacto funcional.

Muchas veces la dermatofagia es una manera de regular la ansiedad extrema que pueda tener la persona, porque un daño físico la ayuda a autorregularse.

Sin embargo, suele ser peor la cura ya que según explica la doctora, “a más daño físico, más probabilidad hay de continuar haciéndolo después”.

También reveló que ha atendido pacientes con lesiones en labios, dedos y hasta en la cabeza, que no siempre son producidas con los dientes, sino que también se hacen rascando o pellizcando con las uñas.

El problema es cuando la persona quiere dejar el hábito y no puede, hasta el punto de llegar a sangrar por las microheridas autoprovocadas. En esos momentos las terapias conductuales como esmaltes con feo sabor no sirven, porque hay una compulsión interna a tratar.

Mayormente, estos actos se inician “en momentos de cambio de ciclo vital, en una separación, en un paso de una etapa educativa a otra, o también en algún acontecimiento estresante en que la persona empieza a regular su ansiedad de manera disfuncional”.

Fuente: Grupo La Provincia https://www.grupolaprovincia.com/

 
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