Soñar, viajar, amar – Hoy: Morro de Sao Paulo.

Para vos, amante de los viajes, de las travesías, a quien, en uno o en miles de kilómetros, los caminos te conectan con el sentido más profundo del goce de la vida; para que, por los aires, los mares, las rutas terrestres o por medio de imágenes y de palabras, puedas sentir un poco más cerca la belleza que nos regala este mundo, en naturaleza y en cultura, continuamos con La Bitácora de Ada Luna, un espacio donde te presentaré diversos destinos e historias, porque LA VIDA ES UN VIAJE. Hoy te traigo un lugar de ensueño: Morro de Sao Paulo, Norte de Brasil.

@diana_santoro_

LA BITÁCORA DE ADA LUNA

Destinos internacionales: Morro de Sao Paulo, Brasil.

Vista de las murallas de Morro de Sao Paulo

Es en la contemplación, en el roce entre el cuerpo y el mar que siempre siento que sé un poco más, un poco mejor, quién soy. Y, al pensar en este elemento primigenio que baña todas las costas de esta tierra en que, creo, andamos para encontrarnos, viene a mi memoria un no tan conocido poema de Borges:

«Antes que el sueño (o el terror) tejiera

mitologías y cosmogonías,

antes que el tiempo se acuñara en días,

el mar, el siempre mar, ya estaba y era.

¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento

y antiguo ser que roe los pilares

de la tierra y es uno y muchos mares

y abismo y resplandor y azar y viento?

Quien lo mira lo ve por vez primera,

siempre. Con el asombro que las cosas

elementales dejan, las hermosas

tardes, la luna, el fuego de una hoguera.

¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día

ulterior que sucede a la agonía.»

(El mar, Jorge Luis Borges)

A veces cerramos los ojos y soñamos con un lugar ideal donde el agua nos drene de cargas y nos llene de energía, donde el Sol le ponga fuego a la vida, donde el aire nos envuelva con aromas nuevos y nos acerque una melodía que nos haga bailar hasta las penas. Así es Morro de Sao Paulo, un poblado mágico que se encuentra en el extremo noreste de la isla de Tinharé, sobre el océano Atlántico.

Se trata de un lugar que combina a la perfección playas limpias y mansas con espacios de mar agitado entre las rocas. El particular relieve ofrece la posibilidad de tenderse sobre la plana y blanca arena de las extensas playas mientras se observa cómo los morros se bañan en las aguas cristalinas o en tanto se observan las estrellas, con ese asombro con que miramos lo que siempre está pero nunca vemos. Las trilhas serpetean entre la mata atlántica, dibujando senderos únicos que conducen a sitios de vistas panorámicas capaces de crear en la memoria de quien viaja imágenes que dejan profunda huella. En suma, estar en Morro de Sao Paulo es habitar un poco en la dimensión perfecta entre el océano y el cielo.

Morro de Sao Paulo condensa lo mejor de Brasil en un punto que extrañamente conjuga lo que suele creerse excluyente: diversión y movimiento con paz y calma. No existe el tránsito vehicular fuera de servicios de salud, infraestructura y excursiones. Allí conviven con una fluida tranquilidad turistas provenientes de todas partes del mundo y pertenecientes a diferentes brechas generacionales. Las calles y primeras playas suelen estar repletas; sin embargo, cada quien encuentra su espacio para disfrutar. La música y la danza están a la orden del día, flotando en el aire, pero emanan, más que nada, de cantantes que, guitarra en mano, se sientan a orillas del mar o en los bares de la zona para compartir su arte. Por lo demás, explícitamente se llama a la conciencia por medio de carteles que rezan algo así como «no traigas tu música a la playa, para que todos podamos oír el mar». Y sí que se oye mucho y diferente en este punto del mundo.

Un café con vistas al mar en Morro de Sao Paulo

Los más ermitaños pueden, en pocos kilómetros y a pie, llegar a las últimas playas. Allí la tranquilidad es absoluta. La paz es tal que esa subjetividad del tiempo, que normalmente pasa desapercibida, se vuelve palpable. Los días se extienden como un ciclar continuo en que vemos al Sol y a la Luna danzar en círculos entre las olas y el horizonte. De vez en cuando, aparece un lugareño a poner sabor al momento con alguna caipirinha frutada o con el famoso e inolvidable queijo assado. Mano a mano con el mar, no es difícil recordar o caer por vez primera en la cuenta de que la vida es una celebración perpetua con uno mismo y con la maravillosa naturaleza de la que disponemos en este mundo.

Para llegar a este lugar de ensueño, el circuito más común es vía Salvador de Bahía, lo que permite conocer, de camino, uno de los sitios históricos más importantes de Brasil. Desde allí se puede acceder a la isla por medio de una embarcación o también por lo que denominan trayecto semiterrestre (una oferta que aúna tramos en barco, autobuses y lanchas y que atraviesa otros puntos turísticos muy interesantes).

Cuando quieras huir del mundanal ruido sin perder la oportunidad de seguir palpitando la alegría de vivir, Morro de Sao Paulo siempre podrá ser un buen lugar en el mundo para vos. Insisto: La vida es un viaje. Te toca elegir qué destinos querés dejar marcados en tu mapa.

@diana_santoro_

Redacción: Diana Santoro

Prof. de Literatura, de Yoga, comunicadora, productora de contenidos y divulgadora del Arte del Buen Vivir – Viajera incurable.

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