El barco que se quedó varado en Las Toninas
Si vas a Las Toninas y no sabés nada del Brasur, o como le dicen los locales, el “para surf”, te estás perdiendo una gran historia. Es un pesquero que un día decidió no moverse más y ahí sigue, escorado sobre la arena a dos kilómetros al norte de la calle 2. Para llegar tenés que ir por la playa, así que lo primero es asegurarte los días. Podés revisar acá los micros a Las Toninas con tiempo, porque vale la pena quedarse más de un día para verlo con la marea baja.
La historia es así. El 16 de mayo de 1995, el Brasur salía de Mar del Plata haciendo lo que hacía siempre: pescar corvina y pescadilla en pareja con otro barco, el B/P Susana. Era un pesquero de la categoría «costero lejano», lo que significa que estaba habilitado para alejarse hasta cien millas de la costa y trescientas sesenta del puerto. Casco de fibra de vidrio, pintado de amarillo, lo mismo que el castillaje. El patrón era Néstor Oriental.

Nadie sabe bien qué combinación de corriente, descuido o mala suerte terminó con el Brasur encallado en esa playa. Lo que sí se sabe es que Oriental y toda la tripulación pudieron abandonar el barco sin problemas. Sin víctimas. Solo el Brasur, varado, sin chances de volver al agua.
Y ahí se quedó. Treinta años después, sigue escorado a babor con lo que la Lic. Adriana Pisani, que documentó toda esta historia en su libro La Fantasía del Naufragio, describe como un deterioro vertiginoso. Cada temporada la rompiente se lleva algo. Cada sudestada fuerte cambia lo que queda. Lo que se veía en 1998 ya no era lo mismo que en 2005, y lo de 2005 no es lo de hoy. Esta es la parte que la mayoría no entiende hasta que la ve: el Brasur está desapareciendo. No en sentido poético. Literalmente. Dentro de algunos años puede no quedar nada visible.
Eso lo vuelve uno de esos atractivos con fecha de vencimiento, aunque no sepamos cuándo es esa fecha. Y eso, paradójicamente, es lo que lo hace más interesante. La gente que lo vio hace veinte años cuenta una historia distinta a la de los que lo vieron el año pasado. Cada visita es una foto diferente de la misma desaparición lenta.
La mejor época para ir es fuera de temporada alta, cuando la playa está vacía y podés caminar tranquilo esos dos kilómetros. Con marea baja se ve mucho mejor. Y si te quedás con ganas de historia marítima, a unos kilómetros hacia el norte, cerca de San Clemente, están los restos del Her Royal Highness, un bergantín inglés que encalló en 1883 y cuyas cuadernas aparecen del agua solo con mareas extraordinarias. La costa del Tuyú tiene más barcos enterrados en la arena de los que te podés imaginar.
