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EDITORIAL- PATEAR AFUERA

Poner mano a la obra o mirar para el costado

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Todos en algún momento de nuestra vida ante situaciones complejas tenemos dos opciones: poner mano a la obra o mirar para el costado para ver a quien le podemos endilgar la culpa y librarnos del tema “pateando para afuera”,  justificándonos de que el tema nos cayó de otra parte y así no hacernos cargo.

Cuando esto pasa en lo familiar, es un gran problema, pero cuando pasa en el ámbito zonal, provincial o nacional puede convertirse en una tragedia.

Hay quienes quieren poner manos a la obra cuando asumen algún cargo que los habilita para intervenir, y otros sólo miran para atrás pero no para ver de dónde viene la raíz del problema para desenredar el ovillo, sino para asignar culpas y con eso se quedan tranquilos.

Si un médico recibe un paciente en muy mal estado de salud, se aboca a atenderlo y salvarle la vida, no empieza a cuestionar quien lo atendió antes ni a quejarse del que lo diagnosticó mal o lo medicó equivocadamente mientras la persona se va muriendo. Eso quizá lo comente con posterioridad, pero en el momento hay que atender la emergencia y sacar del trance peligroso a la persona que sufre.

Históricamente hemos asistido a ver y escuchar las argumentaciones desde todos los estratos de autoridad, a funcionarios que en un primer momento asumen con ímpetu sus cargos pero que con el paso del tiempo, sólo se asientan en la queja de lo que les legaron los anteriores.

Si compro una casa en mal estado, sé que tengo que arreglarla y refaccionarla. Se presume que antes de comprarla, la examiné, calculé los daños y planifiqué como mejorarla y cuánto será el costo. Si no lo hice, después las quejas no solucionaran nada. También tuve que prever si tengo la capacidad de afrontar ese desafío o de contar con el equipo necesario para realizar las obras.

No sé si a otros les pasa, pero creo que sí, que como yo están cansados de la inoperancia, de los neófitos, de los que asumen un trabajo sin saber donde están parados, de los que ignoran como se hace pero tampoco están dispuestos a aprender ni a recibir asesoramiento de gente que sí sabe.

Y las consecuencias las pagan los que dependen de esas personas para seguir avanzando, mejorando, progresando.

No estoy pensando sólo en lo político sino en todos los que están al frente de alguna función, si soy mecánico se presume que sé reparar un automóvil siendo consciente de que si hago mi trabajo mal, le puede costar hasta la vida a mi cliente. Así de grave y así de simple.

Si subo a un remis o a un colectivo le estoy confiando mi vida y mi seguridad a una persona que asumo, sabe conducir y me va a llevar sano a mi destino. Es una cuestión de confianza en desconocidos que están cumpliendo un rol para el que pienso están capacitados.

Si en nuestros puestos de trabajo realizamos las funciones que nos corresponden con idoneidad y honestidad, nos beneficiamos todos.

Desde la madre y el padre, los maestros, los policías, los bomberos, y así hasta llegar hasta los funcionarios de mayor jerarquía tienen un compromiso social, el hacer lo mejor posible, con el mayor esfuerzo posible, sin excusas de los que lo hicieron mal antes.

Cuando todos entendamos que “patear afuera” no es una opción, se abrirán las puertas del progreso, de las mejoras, del pensamiento generoso de dejar lo mejor posible todo lo que estuvo a mi cargo para que cuando llegue aquel a quien traspaso mi puesto pueda continuar y aún pueda hacerlo mejor que yo.

 

Grace Mesa

Redacción Pergamino Verdad

 

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